Cuando el cielo dice no

Pides al gorrión que corra sobre sus brazos

y al tulipán que expire un sorbo de carbono:

vacías las nubes en torrentes asesinos

y asoleas el pecho desnutrido del fénix,

soplando a la casualidad sus cenizas.

Porque con siglos sobre mi espalda

no puedo ocultar mi herencia:

sigo volviendo al polvo

y emano polvo de mi vientre.

tempestad2

Traes a la vida muerte,

y fusilas a tus propios emisarios:

mártires del interminable círculo vital

que no se detiene,

cual rama [arqueándose al viento

y erigiéndose sin voluntad].

Soy fruto que se descompone y nace,

que cae de la rama cediendo al destino;

soy espectro que da vida

y sombra que irradia luz.

Deja un comentario