24 horas

Hablo de instantes.

Instantes que transcurren sin que mi sangre los delate. Sin intuir su paso frente a mis ojos que dejan de parpadear para detener las horas; horas que intento asir como quien ata las nubes a sus tobillos: necio.

Te me escurres entre las manos y dejas la leve huella de un aroma que me estremece.

Ese irrepetible segundo que se sucede tan rápido, que no da para más. Apenas arrastrar mi mirada sobre tu cuerpo, en un eterno suspiro de partículas volátiles, suspendidas sobre el viento, inertes y esperanzadas.

Eres y dejas de ser tú

después de un prolongado bostezo.

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