Poema gráfico

Cuando todo esto termine
y salgamos de nuevo a la calle,
dejaré de usar el atomizador para rociar desinfectante
y lo usaré para hidratar las flores.
Voy a llevar, en persona,
la invitación para cenar
al cerdo y a la vaca,
que me han dejado plantado
(se asustaron al ver los tacos de pollo
y los osos de postre).
Voy a ver tan fijamente a las personas
que sentirán la pesadez de mi mirada.
¡Tanta información ha llegado a mí, que aprendí a ver con las manos, con la nariz, con las orejas! 
Me voy a saciar 
dando abrazos a diestra y siniestra
y diré te quieros y te extraños
hacia los cuatro puntos cardinales.
Voy a llevar mi joven cosecha 
a un campo abierto 
en donde puedan crecer sus raíces  
y no tengan el límite de un recipiente de vidrio. 
Creí que sabía nadar, 
que el futuro podía ser planeado;
en la confianza,
la verdad. 
Pero sé mucho más:
nadé sin agua 
y me lancé sin salvavidas,
entendí que hoy es mi futuro, 
aprendí que la verdad, 
esa verdad que imaginaba,
tiene múltiples caras. 

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