Árbol que miro a lo lejos y habla


Sobre tu brazo negro se posa un ave.

Descansa, 

   quieta, 

      serena. 


No es el ave, es la rama. 

No es la montaña, es el tronco.

No es el pasto, es la raíz.


Como indestructible columna

sostienes el mundo. 

La vida

hacia el cielo,

hacia el inexistente infierno,

llevas. 

Fluye dentro de ti 

el canto inmemorial del ruiseñor,

la brisa serena del húmedo amanecer, 

el inexorable torrente tras la lluvia,

la luz que cae del cielo y rompe, 

el vendaval,

que te estira, 

   rodea,

      aplasta y hunde y arranca. 

Lloras,

fluyes,

abrazas,

salvas. 

Tu negra y leñosa piel 

brilla tras la batalla, 

se mantiene en pie,

me mantiene en pie, 

se contrae hacia la médula, 

me enseña la fuerza,

se erige como bandera de paz,

bandera de vida,

porque el fuego cesó 

y sobre ti se posa un ave 

que se estremece y canta. 

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