Primero. Tercio de varas o (tercio de quites).
El mundo, las personas que habitamos en este mundo, mejor dicho, nos podemos confrontar de muchas maneras y Marino y yo somos expertos en ello. Antes que ser una lectora de Suerte contraria, tengo que decir que, y a pesar de todas las formas en que podemos contradecirnos y discutir por horas sobre un tema irrelevante e innecesario para muchos, Marino y yo somos amigos. No sé cómo ni por qué, pero somos amigos.
Retomo.
El mundo y las personas que lo habitamos nos podemos dividir entre los que se asumen provida y los que promueven el aborto. Los creyentes y agnósticos o ateos. Los animalistas y los antianimalistas. Las feministas radicales y los misóginos. Los lectores y los no lectores. Los que bailan y los que ven la pista. Los que prefieren salir de antro y los que se quedan en casa a platicar con sus amigos. Los tomadores y abstemios. Los taurinos y los antitaurinos. Seguro es que, en este momento, Marino ya se arrepintió diez veces de haberme invitado esta tarde a presentar su libro, porque en la mayoría de estos temas estamos en polos opuestos. Si pudiera hablar, seguro Marino diría: habla del argumento, no de la persona.
Pero. Pero. Hay cosas en las que coincidimos y considero que son mucho más valiosas. La lectura y la escritura, para empezar; la terquedad para defender aquello en lo que creemos; y, sobre todo, la necesidad de comprender a profundidad lo que ocurre alrededor, en nuestro interior y la forma de expresar aquello que creemos que vale la pena que trascienda. Y aquí viene el punto de todo este preámbulo.
Yo le pedí que me invitara a hablar de sus textos, después de la presentación que hicieron él y Néstor Adame (amigo y también escritor) en la Feria Internacional del Libro de Arteaga (2023). La razón: Suerte contraria estuvo inspirado, lo digo con temor a equivocarme, por la pasión del autor hacia la tauromaquia y, al momento de presentarlo, evidentemente, la charla gira en torno al ritual del toreo, dejando de lado la estructura y la propuesta literaria que da soporte a los cuentos. Todo esto es para decir: gracias por invitarme para hablar de tus cuentos.
Y como no podría haber presentación, sin haber debate, corrijo el tercio de varas con tercio de quites, que, de acuerdo con el autor “si analizas, el apoderado le quita un toro a su poderdante par matarlo; Mala Suerte le hace un quite a Antoñete, para salvarle la vida; en el de Venganzas, el quite se lo hacen al torero para que el tipo de la cárcel no le hiciera nada al matador”.
Segundo. Tercio de banderillas.
Hablemos del libro. Suerte contraria es un libro de cuentos que está estructurado en tres tercios. Para comprender esto, siendo una analfabeta tauromáquica, tuve que recurrir a Google.
Para quienes no lo conocen, hay un diccionario, publicado en 1985, hecho por Helena Beristain titulado Diccionario de retórica y poética. Este libro contiene los términos más usuales en retórica tradicional en lengua española, desde las figuras literarias, los tropos, los tipos de composiciones, conceptos de semántica, semiótica y más.
Lo traigo a colación porque Suerte contraria me llevó a uno y otro glosario de términos taurinos, el equivalente del diccionario de Beristain, en donde un término como “suerte”, cambia de sentido (no se define como un evento que ocurre al azar) y nos orilla a conocer qué es un “diestro” (que tampoco se refiere a quien escribe con la mano derecha) y un “lance” (que no proviene del verbo lanzar y hasta suena un poco diferente, aunque siga siendo una palabra grave).
Como una enredadera, un término nos exige entender otros, y cada uno se embellece por el anterior:
Suerte: cada uno de los lances ejecutados por el diestro en la lidia.
Lance: acto de lidia ejecutado por el diestro.
Diestro: Torero de a pie. Profesional que se dedica a la lidia reses bravas.
El lenguaje designa las cualidades de nuestro mundo y, saltando de una palabra a otra, nace una imagen, por ejemplo, Capote. Después de leer el cuento que lleva este título, no solo vemos el capote de brega usado por el torero para conocer y tentar a su toro, sino que vemos a un perro que da cobijo a un mendigo, pues gracias a él consigue comida y unos cuantos pesos.
Suerte contraria está dividido en una presentación o cartel y tres tercios. Y, ¿qué es un tercio? Vuelvo al principio. Lo pienso sencillo, una parte de tres. Y así es, solo que en el contexto de los toros y del libro, hace alusión a cada una de las partes concéntricas en las que se divide el ruedo; las tres etapas en las que se divide la lidia: tercio de varas, de banderillas y de muerte; la zona del redondel más próxima a la barrera, delimitada por dos líneas, que señala dónde debe picarse el toro.
En el primer tercio del libro, encontramos a tres aspirantes a torero, que no llegan al enfrentamiento. Las embestidas, la bravura, el instinto, los hacen desistir. Quizá por miedo a la muerte, quizá por miedo al fracaso, porque hay una línea transversal e invisible que atraviesa a todos los toreros que aparecen en el libro. Los encontramos debatiéndose entre la vida y la muerte, entre la necesidad del reconocimiento público y el miedo al fracaso. Los cuentos de este primer tercio, tercio de varas, es “Suerte contraria”, “Mala suerte” y “Venganzas”.
El segundo tercio está formado por “Suerte en el burladero”, “Sin funeral” y “La loca de la barrera”, mi favorito. En este segmento se encuentran los debilitados, los que perdieron en la embestida, pero que se quedan atados a la plaza de por vida. El maestro rural que engaña a un pueblo, pero no puede engañar al toro; un feroz torero que no encuentra en su muerte la inmortalidad que buscaba y termina en el olvido; y, Carmen Aragón de Macías, que pierde a sus seres amados en el ruedo y deja con ellos su cordura.
Finalmente, en el tercer tercio, están los muertos. Abelardo Montes, Alberto Arellano y un torero sin nombre. Ellos se enfrentan al destino, a la muerte personificada en mujer, a la hora de la verdad. Están conscientes de que ha llegado el fin, lo esperan y, parece, lo disfrutan. Aquí encontramos los cuentos: “Un toro llamado destino”, “Pétalos sangre y arena” y “Las últimas palabras (o la hora de la verdad)”. Eso que tanto buscaban, los encuentra.
Once cuentos. Un cartel. Tres tercios.
Tercio de muerte.
Juntos,
todos nosotros,
caminamos hacia la muerte,
pero, el torero encuentra un camino lineal.
En lugar de flores,
una sonora orilla le aplaude,
lanzan rosas sobre su cuerpo,
adelantando el funeral.
El torero confronta a la muerte
le da la cara,
de entre sus labios secos,
salen tentadoras palabras,
arriando al miedo,
asustando pulsos, suspiros, bocanadas.
El torero anticipa el final, su propio final.
No quiere quedar en el olvido.
Destella en su traje de luces,
llama la atención:
¡que la vida me note tanto,
que la vida resuene tanto,
que cuando muera,
no me olviden!
Escribir estas historias, un símil.
Este es el mensaje con el que me quedo: las palabras, como la lidia, nacen de una conciencia anticipada y buscan enraizarse y trascender. Encontrar un sentido en la muerte. Un sentido que nos permita mantenernos en pie.
Casa Purcell, Saltillo, Coahuila, 25 de enero de 2024.
Libro disponible en Casa Purcell.

