LA NOCHE HUELE A INCENDIO

Viernes.

.

Decir lo que es claro

ante una mirada profunda.

.

La moneda que brilla

bajo la corriente cristalina,

aprisionando el ferviente deseo

(una cápsula de fe).

.

Confesar,

a tientas y con pausas,

que detrás de esta fulgente armadura

hay-un-co-ra-zón-no-bley-te-me-ro-so.

.

Confesar,

con riesgo de huida,

que persigo entre las sábanas

el olor a bosque

que nace de tu pecho.

.

Cerrar los ojos

entre abetos y cipreses

aprisionando,

no tu cuerpo,

el mío,

entre polvo y ramas caídas

para encontrar calma.

.

Duerme

y escóndeme bajo tu brazo,

que mi piel de bronce

callará sobre la almohada de hojas secas,

se perderá entre tonos que decaen

y olvidará tu nombre cuando la luz aparezca

(o lo tallará sobre el muslo

si al despertar me muerdes el labio).

.

Confesar,

entre las grietas de timidez:

el suave

y dulce aroma

de tu piel serena

me basta.

.

Es viernes.

Es otoño.

Es de noche.

.

Huele a incendio.

.

Sé de ti.

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