SEIS DE SEPTIEMBRE

“Te toqué
y mi vida se detuvo”,
Pablo Neruda.


Esa noche,
mi tempestad.

Otra vez, otoño,
y el color naranja
no suena ya tan triste.

Treinta días y catorce canciones
para que las hojas no caigan de los árboles,
para bailen con el agitado viento
que nace de mi pecho asustado.

Ese pecho que, incontenible,
se mueve y me delata
gritando en la obscuridad
(y con los ojos cerrados)
(en contra de mi voluntad):

¡Cuánto te amo!

Ya lo dije, lo sé:
“dos manos
que se acarician en la obscuridad
hacen música”.

Un tímido acorde
que se escucha
sin encontrar su instrumento.

No es soledad,
ni el vacío de la noche, no.

Es mi corazón volcándose contra sí mismo
tratando de aprisionar el tiempo,
pidiéndole de rodillas
(en una olvidada plegaria)
que se detenga:
hoy,
aquí,
un infinito instante.

Es amor, lo sé,
cuando ya no es el aire suficiente
para seguir viva.

Cuando el otoño pinta el cielo
y sus nubes parecen caminos
y en el suelo
se ven regadas las estrellas.

Sí, es otoño.
Fue esa noche.
Eres tú.

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