HUMO DE LEÑA

Como carrillón bailando al viento,
tu llegada fue esa sutil brisa
acariciando mi cuerpo,
en calma,
paseando sin temor
entre mis piernas temblorosas
para anunciar, con su música, la noche.

Es la obscuridad el manto que nos cubre
y nos regala la fortuna de un minuto más
donde no hay mañana,
no hay yo ni tú
no hay pasado ni máscaras
sino dos pechos
que se hablan y se hinchan a bocanadas de aire compartido.

Es la obscuridad el lienzo
sobre el cual se dibuja tu silueta que irrumpe en mi invierno
liberando humo de leña
que como blancos petardos me indican el camino:
norte, sur, mi hogar, el refugio.

Es cómplice
el ilusorio tiempo,
amor,
de dos cuerpos que se hablan
mientras sus labios pronuncian las mismas palabras:
porque vivo cuando respiras,
porque sueño sólo si tú duermes,
porque existo cuando, en tus ojos,
hay un mensaje sin voz.



Deja un comentario