Durante los últimos dos años, azar o destino, he coincidido con personas que me llevan (o me quieren llevar) a caminos desconocidos. Alejarme de la ciencia y aceptar, mínimo reconocer, que no todo tiene una explicación objetiva. Conocí, por ejemplo, a una maestra que me acercó al temazcal, a la comunicación no violenta, el contacto con lo natural, a los círculos de mujeres (y al contacto con la mujer salvaje que hay dentro de nosotros). Gracias a sus explicaciones, fui a dar con el «efecto del centésimo mono» o con la «teoría de campos morfogenéticos», después de que nos explicara que, cuando un grupo de mujeres se reúne y modifica sus pensamientos o su forma de comportarse, esos cambios pueden observarse en el resto de sus congéneres.
Algo parecido me pasó cuando conocí al doctor Carlos Aguirre. Puedo decir que es «lógico» que coincidiéramos porque trabajamos básicamente en lo mismo, en el área del Neurodesarrollo, y tenemos amigos en común. Recuerdo que la primera vez que lo escuché fue en un congreso sobre autismo, en la ciudad de Monterrey, en donde expuso los resultados del uso de CBD. Indirectamente, sabía de su trabajo y canalizaba a mis pacientes con él, para recibir atención neuropediátrica. Fue cerca de cinco años después que, al fin, lo conocí en persona. Lo busqué y lo invité a venir a Saltillo a compartir con nosotros una clase de un Diplomado en Neurodesarrollo y, desde entonces, no ha dejado de ser una luz, tanto de forma personal como profesional. Fue una sorpresa saber que, como yo, tiene un interés literario que va más allá de la ciencia, que tenía varias publicaciones de cuentos y una novela, que me tocó leer antes de que la publicara.
Cuando me contó sus experiencias sobre la Vision Quest y su convivencia con las tribus americanas, le pregunté por qué. Sí, por qué una persona tan cercana a la ciencia, buscaba respuestas fuera de ella. Al igual que me ha pasado, la vida nos confronta una y otra vez con aquello que más necesitamos para aprender, para ir un paso más allá, para retarnos, hacernos sentir vivos.
Toda aquella conversación sobre los rituales, su experiencia personal con la cultura nativo americana, las respuestas que llegaron y las preguntas que surgieron, están reflejadas en su libro Pasos en el camino rojo. Mis experiencias en la Vision Quest (o búsqueda de la visión). Un viaje interior en el cual se desprende de la vanidad, del ego, las poses y prejuicios y nos regala un relato tan personal que leerlo es como tenerlo al lado, platicando sus anécdotas como si lo conociéramos desde hace veinte años.
Al momento de hacer esta reseña, tomé mi impresión pre-publicada del libro, para ver mis anotaciones y hay términos o ideas que están subrayados, consultados y que, ahora, forman parte de mi vocabulario. El más significativo fue el de sincronicidad. Sí, soy psicóloga y conocía a Jung desde hace unos 25 años, pero el término no me había sido relevante sino ahora (lo mismo me pasó con los mandalas).
La sincronicidad.
En su libro Sincronicidad, Jung da muchos ejemplos de lo que significa este concepto y, alejado de toda explicación científica, nos exige una profunda reflexión para aceptar que hay eventos que no tienen una relación causal pero que adquieren significado para nosotros, el ser que interpreta.
No me fue sencillo, así que busqué una y otra explicación:
Del lat. unio, unión y tempus tiempo. El baile de los encuentros que no tenían cómo suceder (interpretación poética, tomada de la red).
«Dos eventos ordinarios coinciden en el tiempo y el espacio y tienen un significado profundo para la persona que los experimenta» (Aguirre, 2024: 30).
«Los sucesos sincrónicos están dentro del acontecer simultáneo de dos estados psíquicos diferentes. Uno de ellos, es el normal, el estado probable (el que se explica por causalidad) y, el otro, la experiencia crítica, es el que no puede proceder causalmente del primero» (Jung, 1988: 39).
«Se puede hablar de sincronicidad cuando se produce una coincidencia significativa entre un acontecimiento psíquico y uno físico-objetivo sin que exista ninguna relación causal entre los dos» (Creatividad Activa, 2023).
Desde la página 28 del libro, el autor nos relata cómo, en la práctica, llegó ese momento de sincronicidad. Una pintura hecha por él, con una imagen que le era incomprensible, la cual adquirió significado cuando encontró el libro de Diana González con una imagen parecida y, posteriormente, con el viaje que hizo para conocer a un hombre que lo acompañaría en este recorrido, Raymundo «El Tigre» Pérez.
A partir de este evento, empezó esa búsqueda de la visión, una reconexión consigo mismo, con la naturaleza, con nuestra Tierra. Considero que la búsqueda de la visión no empezó cuando llegó al campamento con «El Tigre», sino cuando se topó con el libro de Diana: América jamás descubierta.
Escrito en primera persona, Pasos en el camino rojo… revela una voz distinta a la que encontramos en sus libros de Neuropediatría, pero también distinta a la que encontramos en su novela La promesa o en sus libros de cuentos. Se trata de un autor que se expone a sí mismo a la incertidumbre, a la vulnerabilidad de pasar cuatro días solo, a la intemperie, sin comida ni agua, en una zona desértica en la que es «sembrado» por su guía, que repite este ritual cuatro años seguidos y que se reconoce como imperfecto, temeroso y humano. Un autor que se convierte en una persona diferente a fuerza de confrontarse a sí mismo.
Pasos en el camino rojo… está dividido en dos partes. En la primera, encontramos conceptos importantes para comprender el contexto del relato, como el círculo de medicina; el politeísmo de las culturas nativo americanas; los rituales y ceremonias, como el temazcal y la importancia de su construcción; algunas leyendas propias de los nativos, que ayudan al guerrero a vivir su búsqueda. En la segunda parte, el autor describe su experiencia personal en el ritual de la Vision Quest: los enemigos, los aliados, el inframundo y la preparación del guerrero. Acompañado de algunas imágenes, el libro nos va llevando desde una comprensión general del ritual y la tradición de nuestros ancestros, hasta las reflexiones personales de un guerrero cuando baja de la montaña.
Sincronicidad. Hace tiempo, en un viaje a Parras, venía convenciendo a una amiga de que manejara en carretera, cosa que le genera ansiedad. Trataba de explicarle que para mí, algo que da miedo me está diciendo lo que tengo que hacer, lo que tengo que superar, porque es una manera de saber que aún hay en mí esa fortaleza o persistencia para ir más allá, para aprender y, no solo eso, se convierte en una oportunidad de mostrar a mis hijos que ellos pueden enfrentar cualquier cosa que se propongan.
En el libro, Aguirre narra su encuentro con los enemigos, como él nombro a los principales desafíos de permanecer en la montaña durante todo ese tiempo: 1) Nada qué hacer; 2) Diálogo interno; 3) Incomodidad; y, 4) La abeja. Tras explicarnos cómo fue lidiando con cada uno de ellos, llega a varias reflexiones con las cuales siento un eco inmediato:
Comprendo que la única manera de vencer mis miedos es atravesándolos, dar un paso al frente (pág. 70).
El sufrimiento es provocado por uno mismo (pág. 72).
[Para atenuar el dolor físico]… Poniendo toda mi atención al dolor, me di cuenta de que en ciertas posiciones corporales el vacío y dolor en la boca del estómago se atenuaban hasta desaparecer por un tiempo. Estas posiciones me recordaban a las asanas del yoga (pág. 73).
Tiempo después, me mandó una imagen con una frase que dice: «El mundo está en manos de aquellos que tienen el coraje de soñar y de correr el riesgo de vivir sus sueños» y, justo, yo había descargado una imagen que decía: «Si vas a soñar, exagera». Tiene sentido solo para mí, una respuesta o un mensaje que se remarca a fuerza de «sincronicidades».
Es probable que no todos estemos preparados para vivir una experiencia como la que se narra en el libro, pero es un hecho que todos debemos encontrar un camino que nos lleve a una mejor versión de lo que somos, a un camino que nos haga más sensibles y humildes, más abiertos y flexibles, más felices, al fin. Pasos en el camino rojo… es un claro ejemplo de que, a veces, las respuestas que necesitamos están en lo más sencillo o que solo necesitamos nuevas preguntas para seguir adelante.
Aún con un poco de renuencia, mi pregunta sigue siendo por qué la vida me ha puesto en el camino de estos maestros. Por qué me quiere llevar por un camino tan alejado del que he seguido por 25 años. Por qué sacarme del camino del razonamiento y la lógica. Pero esa es la pregunta y tal vez no he querido ver respuestas. No todo tiene una explicación y ese es mi siguiente punto doloroso, el siguiente desafío a superar. No es manejar en carretera, no es quedarme sola en la montaña, es aceptar que hay situaciones, personas, experiencias que no tienen una razón por la cual estar en mi vida y, sin embargo, están. Depende de mí (y espero lograrlo pronto) darle sentido, para bailar «ese baile que no tenía cómo suceder». Sincronicidad que sólo llegó.
Referencias.
Creatividad activa (2023). Descubre la teoría de la sincronicidad de Carl Jung. Tomado de la web: https://creatividadactiva.com/tematicas/psicologia/sincronicidad-carl-jung/#:~:text=La%20sincronicidad%20es%20un%20concepto,sentido%2C%20pero%20no%20causalmente%C2%BB.
Aguirre, C. (2024). Pasos en el camino rojo. Mi experiencia en la Vision Quest (o búsqueda de la visión). Un viaje a través de algunos rituales nativo-americanos desde allá hasta aquí. Edición de autor: Saltillo. Disponible en: https://a.co/d/bjVCyVl
Jung, C. (1998). Sincronicidad. Editorial Sirio: Málaga. Disponible en: https://ia804501.us.archive.org/11/items/jung-carl-gustav.-sincronicidad-ocr-1988/Jung%2C%20Carl%20Gustav.%20-%20Sincronicidad%20%5Bocr%5D%20%5B1988%5D.pdf
