INCONMENSURABLE

No es necesario el choque de dos rocas 
para abrir paso a la llama.

Basta pensar en ti,
viéndote mirar mis ojos,
extrayendo de ellos el ámbar,
que guarda en su vientre el fuego reencarnado
que de otras vidas guardamos.

Basta recordarte tomando,
en las pausas,
mis ansias,
que buscan a tientas
tu latido
y mi latido
coincidiendo un instante,
ignorando el ruido de ciudad
y el ladrido lejano de un perro.

Basta cerrar los ojos
y rescatar la sombra de tu cuerpo desnudo
que brilla y camina a media noche,
que tumbado,
boca arriba,
se aferra al sueño
y desprende ese olor a primavera.

Basta con liberar tu voz
por mí aprisionada
y ver,
con pudor,
esa sonrisa que nace
cuando tomas la música entre tus manos.

Basta.

Basta por un instante, unas horas, un día, quizá,
hasta tenerte de nuevo al lado
y decirte, de cerca
(mientras rozo tu cara):
cuánto te amo.

Deja un comentario