LA NOCHE ESTÁ ADENTRO

No importa si abro puertas y ventanas, 
si enciendo mis ojos
y extiendo mis brazos, dando la bienvenida;
si busco con mi mano atraer el sonido hasta mis oídos,
si tarareo una canción que refleje una silueta en las paredes:
un recuerdo.

La noche vive adentro.

Su sombra nace de mis entrañas
que lloran inventando una infancia feliz
que,
oculta tras los arbustos,
me llevó creciendo a tirones,
a cargar con una madre y una abuela
y a recoger con mis manos su sangre,
que escurría de entre sus piernas
por una vida no vivida;
a huir de un padre rapaz y torpe
que cubierto por una sotana
de chistes y gracias
se llevó en los pantalones
una vida
y otra,
una familia
y otra,
y que me obligó a cubrir con colores pastel
el cuerpo de una adolescente temerosa y triste.

"Brinca la tablita,
yo, ya la brinqué.
Bríncala de nuevo,
yo, ya me cansé".

Me cansé
y las sonrisas se borraron
y los juegos perdieron su brillo
y los cuentos, con sus princesas y castillo, se desmoronaron
dejando al descubierto
madrastras y garras,
candados cerrados
y llaves perdidas.

La noche dormita adentro.

Se cansa intentando escapar
en forma de ramas que bailan en el suelo
simulando libres aves.
Pero su vuelo se limita con la orilla de los muebles
y se cierran las jaulas de golpe.

Y aunque intentó,
una vez,
escapar en forma de amor,
solo volvió a un solitario pasado
en el que se abrazaba las piernas formando una cuna
y apretaba la almohada sobre su cara
para que el sollozo se apagara entre sus hilos
y no se despertara el dragón que la custodiaba
ni los niños del otro lado del pasillo.

Porque la obscuridad que viene de adentro
no pide permiso,
se instala.

Reclama agua
y se sienta en el comedor, en domingo, a la hora de la comida
y reserva el tiempo de la madrugada
y ordena silencio
y pretende quedarse con toda mi fuerza,
no para vivir (no es sed, ni hambre)
sino para no espantar,
para disimular su enajenación,
para quedarse por siempre,
ahí,
en ese rincón que nadie conoce
ahí,
en esa esquina por la que nadie pasa.

La noche está adentro:
los grillos lloran
y aseguran, con sus voces, el vacío.

Deja un comentario