DÍA CERO

Pasé del silencio, 
de no pronunciar tu nombre
y caminar a solas por el desierto
aparente y solitario,
a dar un paso a través del umbral.

A tientas,
en ese movimiento,
vaciar años,
miedos,
supuestos,
como una moneda lanzada en el manantial,
soplando sobre ella un solo mantra:
sucederás, sucederá.

Pasé del silencio,
de reconocer tu cara de reojo
y apenas escuchar tus canciones,
a seguir tu voz y rozar tu pierna:
nota a nota, pulso a pulso.

Temblando,
unir las sílabas que,
cayendo como gotas de lluvia,
se acomodaban en mi mente para decir:
éste es el camino.

Pisadas sobre la arena,
borradas por el suspiro de cada
nuevo
día
y vueltas a imaginar,
como una constelación
que solo aparece en primavera.

Fui recogiendo por la vereda las flores.
Fui coleccionando, por años, melodías.
Fui siguiendo, desde el anonimato, paisajes.

Pasé del silencio,
de cerrar los ojos para retener en mis pulmones el aroma
y memorizar el roce de tu mano desconocida
a delinear con mi caricia el mapa que dibujan tus venas
y a decir, en voz alta, lo que por tanto tiempo guardé.

















Deja un comentario