Presentan: Carmen Cornelio, Haydee Berlanga & Lili
Carmen:
Esta noche celebramos algo más que un libro: celebramos el acto profundamente humano de nombrar lo vivido, lo sentido y lo imaginado. Presentar una obra es, para cualquier escritor, un momento único. Es el instante en el que la palabra deja de ser solo suya y empieza a pertenecer también a los otros.
Y quien hoy nos comparte su voz esta noche es Liliana Contreras Reyes, una autora que escribe con la sensibilidad de quien observa el mundo desde distintos ángulos: el del lenguaje, la mente, la infancia, y por supuesto, la poesía.
Liliana nació en Ciudad Acuña, Coahuila, en 1981, y se ha formado tanto en el arte de comprender la mente humana, como en el arte de contar historias: es psicóloga y licenciada en Letras Españolas, y ha sabido entretejer esas dos disciplinas en cada una de sus publicaciones.
Su palabra ha habitado diversas revistas y espacios culturales: La Humildad Premiada, Historias de Entretén y Miento, La Gazeta de Saltillo, y los periódicos Vanguardia y Zócalo de Saltillo. Ha participado en proyectos colectivos como Cartografía a dos voces, Recetario para mamá, y ha sido parte del equipo editorial de la revista NES.
Entre sus libros publicados se encuentran títulos que oscilan entre la literatura infantil, la intervención neuropsicológica y la poesía, como:
- Las aventuras del cuaderno rojo (2019);
- Brainstorm. Manual de intervención neuropsicológica infantil (2019);
- Abuelas, madres, hijas (2022),
- Un viaje por cielo, mar y tierra. Aprender a leer y escribir en un viaje por México (2022);
- Su contribución académica en obras como Reflexiones en tiempo pandémico sobre problemáticas socioeducativas.
Escribir, salva.
Para la presentación de este libro, hemos preparado nuestra participación aludiendo a la estructura del poema que le da título: Vórtice. Lo que van a escuchar es una muestra de cómo una persona que escribe, que pinta, que compone, se ve inmersa en la realidad y se enfrenta a lo cotidiano. Los creadores no viven aislados del mundo. Viven en él y de forma alterna desempeñan otros roles. Son padres, madres, hermanos, activistas, amigas, empleados, emprendedores, ciudadanos y, para poder crear, tienen que luchar contra todo ese “ruido” que les rodea. Así lo describió Cynthia Moncada:
“Este libro desborda formas, rompe con las estructuras. Vórtice no se sujeta a las convenciones ni a las expectativas: se permite experimentar, jugar con el lenguaje. Es una escritura que no pide permiso para mezclarse con la música, con el recuerdo, con lo no dicho. Que no teme tomar distancia de las reglas, y que no solo se lee: se escucha, se siente, se respira”.
Haydee:
La poesía. Siempre me ha gustado la poesía.
Siempre me ha gustado leer y desde muy temprana edad me ha gustado la poesía. Nicolas Guillen, Pablo Neruda, León Felipe me acompañaron en mis primeras lecturas de este género literario por allá de los 80. El Inventario I de Benedetti se unió a las filas de mis lecturas favoritas, con sus poemas a Martin Santomé y Laura Avellaneda, protagonistas de La Tregua.
En la preparatoria, mi maestro de filosofía me presentó la poesía de Jaime Sabines y con el tiempo llegó algo de Loreto Sesma, uno que otro de Pizarnik y talentos nuevos como Andrés Acosta y sus Lugares que sin ti ya no son.
Repito. Siempre me ha gustado la poesía.
Liliana:
La poesía no es lo mío. En un momento, Haydee hablará más del tema, pero quiero confesarlo antes que ella se los comparta. ¿Quién puede escribir, no digamos ya poesía, sino cualquier género literario, desde un lugar como ciudad Acuña?
Yo, levanto la mano.
Nací y crecí en esta ciudad y, aunque ya tengo más tiempo viviendo fuera, que el tiempo que viví aquí, soy lo que soy por haber nacido en la frontera, por haber ido a la Escuela Independencia y a la Secundaria #1. Escribo lo que escribo por haber crecido entre sodas, trokas y pecetas, por haber comido menudo con granos de pozole y tacos de Aka Toy, por decir ciencincuenta y en ca’tuabuelita.
¿Por qué es importante esto? Porque de su ambiente reseco, del paisaje desolado de una Acuña de hace más de 2 décadas, de su clima extremoso y la diversidad de personas que viven aquí, nace la mitad del libro que hoy les compartimos. El poema que le da título trata de captar la experiencia inicial con los versos, la métrica y la rima, mientras caminaba por el Boulevard Adolfo López Mateos, por el parque Don Bosco o de cuando estaba sentada frente al taller de mis papás, en alguna tarde después de clases.
Carmen:
Vórtice (fragmento 1).
Leer, salva.
Las notas,
como pulsos musicales,
iluminan mi mente.
Destellan,
mientras cierro los ojos.
No logro explicar el mensaje en su metáfora.
Me recuerdan la niña que fui,
sentada en el poste
a orilla de la calle,
ansiando que llegara el amor,
esperando a ser derribada por la inspiración,
estrujada por ella desde los tobillos,
para escribir poemas, novelas, libros.
Aquella tarde,
las nubes revelaban su mensaje.
Sería más fácil atarme a ellas,
arrastrada lejos del obstinado sol (…)
que escribir poesía en el desierto.
(…)
Ahí,
parada frente al bulevar,
viendo un carrusel inservible
que arrastraba a los niños
después de la obligada misa dominical,
nacen sílabas,
caen como notas musicales,
que encajan en una sola partitura:
la mía.
Letras que se abrazan
formando el sonido perfecto:
redonda,
blanca,
negra,
corchea,
semicorchea,
fusa,
semifusa.
Cuatro sílabas mientras camino:
Des – pe – di – da.
Cada
paso
habla.
Haydee:
A Liliana la conozco desde hace ya poco más de 20 (me resisto a decir que ya son 25, porque son muchos y estamos muy jovencitas aun). Con su cabello rizado, su mirada profunda y cierto hermetismo que, con el paso de los años, he logrado que sea cada vez menos, adentrándome y conociendo facetas de ella que no son del dominio popular. Me tocó su pasar por la facultad de letras españolas, la vi escribir reseñas de eventos culturales a los que la acompañaba y la vi convertirse en escritora. Ha escrito cuentos, ensayos, reseñas… pero la poesía «no era lo suyo», creo que alguna vez dijo que nunca escribiría poesía porque «eso» no se le daba. En cambio, escribió sobre el papel de la mujer en la historia, cuentos feministas inspirados en mujeres de su entorno.
Carmen:
Crear cualquier tipo de arte siempre ha implicado un esfuerzo adicional. No todos tenemos la posibilidad de dedicarnos de lleno a la pintura, la música o la Literatura. Hace un siglo, Virginia Wolf hablaba de que, para poder escribir, era necesario tener lo que llamó “un cuarto propio”. En la actualidad, sabemos que eso no es suficiente. Hay que arrebatarle la escritura a lo cotidiano. En palabras de Gloria Anzaldúa:
“Olvídate del ‘cuarto propio’ —escribe en la cocina, enciérrate en el baño. Escribe en el autobús o mientras haces fila en el Departamento de Beneficio Social o en el trabajo, durante la comida, entre dormir y estar despierta. Yo escribo hasta sentada en el excusado. (…) Mientras lavas los pisos o la ropa, escucha las palabras cantando en tu cuerpo. Cuando estés deprimida, enojada, herida, cuando la compasión y el amor te posean. Cuando no puedas hacer nada más que escribir.»
Vórtice (fragmento 2):
Los poemas suenan,
me distraen:
“puedo escribir los versos más tristes esta noche” (Neruda).
“Y cuando escribas,
no mires lo que escribes,
piensa en el sol” (Gonzalo Rojas).
Mirar, ver, observar.
El diario ya no es suficiente.
Las cartas a los padres olvidados,
no son suficientes.
Pienso en el sol,
“que arde y no ve”.
Escribir, salva.
Haydee:
Pero, Liliana es experta en hacer posible lo imposible y un día, supongo yo, se levantó y dijo «¿cómo no voy a poder?», y se planteó el reto de escribir poesía, poemas de amor. Pasear por su blog es atestiguar ese viaje de la prosa, la reseña, lo anecdótico y la narrativa hasta aterrizar en versos, cadencia y ritmo.
No sé mucho sobre escritura ni estructuras gramaticales, pero he tenido la fortuna de ser de las primeras en leer lo que escribe y darle mis impresiones. Así, un día llegó Vórtice y todo lo que representa con ese «ruido mental» que siempre anda sobre nosotros.
Luego, llegó el 6 de septiembre del 2024 y una faceta muy íntima de Lili salió a flote. El reto era escribir poemas de amor, pero no fue tan difícil, creo yo. La ternura que se niega a mostrar abiertamente al mundo, el romance, la esperanza… empezaron a fluir y dar un poema tras otro que, al leerlos hacían que me explotara el corazón o derramará una lágrima por toda la emoción vertida en cada verso.
Todo eso ya existía en su interior, la diferencia fue que apareció el catalizador, el fuego detonante y la magia, sucedió.
Liliana:
Me considero una persona muy afortunada y les pondré un ejemplo. Llegué a una plaza comercial en Saltillo y puse la mochila con mi computadora en la cajuela del carro. Salgo de la tienda como dos horas después y veo la cajuela abierta. Se me hizo raro, me asusté porque mi computadora tiene la mitad de mi vida y, cuando me acerqué y la vi, me sentí aliviada. Cierro la cajuela y se abre. Cierro la cajuela y se abre. Total, se acerca un guardia y me dice que lleva todo el rato cuidando mi mochila porque, efectivamente, cerraba la cajuela y se volvía a abrir. Pues, ya saben. Dejé la mochila CON las llaves del carro, por lo cual se abría y se abría.
Me considero una persona muy afortunada porque tengo la suerte de:
*que mis papás, aunque de forma modesta, nos compraran muchos libros y tuviéramos en casa donde consultar, qué leer y formas de aprender de forma autónoma, en una época sin Internet y sin acceso a la información como lo tenemos en la actualidad. Por ahí debo tener todavía algunos libros de la enciclopedia Monitor, las novelas inolvidables del siglo XIX (que no por nada son mis favoritas), la serie de “Pregúntale a Carlitos, de Charlie Brown”.
*tener como mejor amiga a una psicóloga que, en sus ratos o temporadas libres, es también bailarina y siente la misma pasión por la danza, como yo por la Literatura. Saber que alguien disfruta el baile como yo nunca podría.
*ser amiga de Cynthia Moncada que es comunicóloga y compañera de Letras Españolas, quien me enseñó en mis primeros pininos a escribir notas periodísticas y, además, a dejar ese tiempo resguardado para la creación literaria. Ella es apasionada de los trenes y, en su afán de rescatar la historia de las vías, me enseñó, sin querer, algo importante: que cada persona tiene sus pasiones y puede contagiar a los demás en su afán por conocer o profundizar más en el tema.
*tener un hijo aspirante a actor que, desde los dos años tiene claridad con respecto a su vida como artista y que realmente estudia y ensaya desde una necesidad vital y una temprana vocación.
*enamorarme de un ingeniero en sistemas que, además, compone música, escribe canciones, “saca” de oídas las melodías de otros autores y tiene el equivalente a mis cuadernos en su archivo de notas de voz en el celular, para que no se le escape una idea.
*de transitar por un camino literario al lado de mi editora, Alejandra Peart de Atemporia, quien trabaja sin ánimo de lucro para que los escritores en general y los escritores de poesía en particular puedan publicar su obra.
Afortunada de estar en una burbuja llena de creatividad, de ideas, de posibilidades que requieren mucha persistencia para concretarse, pero que siempre son posibles y como evidencia está el libro que hoy ponemos en sus manos. Un libro que nació de pláticas y debates con amigos, de noches de música, de paisajes y ratos solitarios manejando en la carretera. Una idea que duró varios años en reflejarse en el papel, porque el día a día me va dejando sin aliento. Un libro que se terminó de escribir en los ratos robados al ser mamá, al tener un trabajo absorbente, al SAT y las redes sociales.
Carmen:
Vórtice es un poemario dedicado al amor. Está compuesto por 11 poemas. En ellos, Liliana no solo escribe con profundidad, sino con una ternura precisa, con una atención aguda hacia los vínculos, la memoria, los cuerpos en movimiento, y las voces que merecen ser escuchadas.
Con «Vórtice», nos invita a entrar en ese espacio íntimo donde el lenguaje no es refugio, sino impulso. Donde las emociones no se explican, se viven. Donde lo que parece silencio, en realidad es vértigo, giro, llamada:
LONELY
La soledad llegó de pronto
al verte sentado a mi lado.
Fue un duro e intempestivo golpe en el pecho,
una respiración lenta y dificultosa
abriéndose paso,
a brazadas,
entre el calor del pavimento,
de la ciudad
y los días cargados en la espalda.
La vida duele,
a ratos,
con un dolor que se cuela sin aviso
entre los huesos
y los hilos de la ropa.
Con un dolor que no acepta ayuda,
que no reconoce nombre
y ante el que no se puede ceder ni aceptar engañosos abrazos,
que no lanza llamadas de auxilio
ni encuentra salida en ojos inundados
ni en golpes dados a la pared con el puño tembloroso.
La vida duele,
a ratos,
con un dolor que se revela ante tu presencia,
que no vive del presente
y que sólo se deja ver cuando,
sigilosa,
me descubro pensando un «nosotros».
Estaba sola,
amor,
pero esa triste y pesada soledad
se convirtió en secreto: mi secreto
Me dolía la vida,
amor,
pero era tanta la fuerza que necesitaba para sostener
que no me alcanzaba para sentir la herida.
Te sentaste a mi lado
y desaparecieron las defensas.
Dijiste «yo también»
y de mis ojos nació una tormenta.
Porque de golpe e intempestivamente
cantando a mi lado,
te vi mañana.
Haydee:
La disciplina de escribir a diario, la valentía de mostrarse vulnerable al mundo y la tenacidad para buscar que esos versos llegaran a sus manos, nos tiene compartiendo esta noche y no puedo estar más agradecida de poder ser parte de esta historia.
Liliana:
Para terminar, les quiero compartir mi poema favorito en este libro. Han de saber que, hasta esta publicación, no había escrito de amor. Huía del amor, de la novela romántica, las películas románticas, más que por frialdad, porque me parecía demasiado trillado. Poesía de amor, era o es para mí como decir Adam Sandler comedia, Stephen King – terror, corridos – tragedia. Pero, al final, la elección me llevó al principio, a la Liliana adolescente mandando aquellas cartas de amor a desconocidos. Elegir la escritura de poesía romántica fue abrirle la puerta a una nueva versión de mí misma, como persona y, ante todo, como escritora. Ya lo han dicho otros autores:
“Al final, todo se reduce al amor”, David Frasure.
Carmen:
LA CITA
«Es que te quería decir, querida,
¡te tardaste!»,
Clarice Lispector.
«Si vienes, por ejemplo, a las cuatro de la tarde,
comenzaré a ser feliz desde las tres»,
Antoine de Saint-Exupéry.
Tanto preámbulo
para escuchar tu voz de cerca
y ver tus manos recorrer las mías.
Para saber que detrás de tu rostro indescifrable
hay una luz que observa y me derrumba.
Tanto preámbulo
para acariciar tu cara
y esconderme debajo de tus alas.
Para encontrar de noche el camino (a ti)
y saber que es mi hoguera.
Decir sin hablar
mientras posas tu brazo en mi hombro
y tomas mis labios con los tuyos
para atraer al silencio, quietos,
y evitar que se fuguen las horas.
No era ayer,
no,
amor,
la cita.
Porque yo, no era yo.
Porque tú, no eras tú.
Tanto preámbulo
para una canción triste,
que se apaga cuando me miras,
que se aleja cuando me nombras.
Gracias a todos por acompañarnos.














