LA SUERTE DE NO ENCONTRARNOS

Caminar por rutas contrarias
también es destino.
La suerte de no encontrarnos,
la ausencia de una fingida felicidad.

A pasos de distancia,
al mismo ritmo,
quizá,
para encontrarnos nunca.

Amando a deshoras,
sin mirarnos a los ojos.
Dormir a contraturnos,
para lavar a solas los platos de la cena,
sin un abrazo en medio de la noche,
sin consolación por el acalorado día.

Andabas por la acera de enfrente,
distraído,
caminando hacia el norte
-ese norte del que yo escapaba-.
Lanzabas besos a mujeres hermosas
mientras cerraba mis ojos
y tarareaba dolorosas canciones.

Es nuestra historia,
la fortuna de verte pasar
en sentido opuesto,
mientras te impulsa el viento que a mí me detiene.


Nuestras manos entrecruzadas:
más lejos;
nuestras cabezas compartiendo el sueño:
alejadas.

La ignorancia de estar sola,
que me orilla a librar batallas cotidianas,
a blandir banderas multicolores
sin modificar la ruta,
la tuya.

La suerte de no encontrarnos,
la falta de recuerdos compartidos,
el destino que no se llama tú ni yo.

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