AMARTE AYER

El pasado te arranca de mis manos, 
te lleva a un lugar lejano,
inaccesible.

Ajena,
a tientas,
te busco.

Hay niños con tu apellido corriendo por la calle,
mujeres cuyas siglas fueron escritas junto a las tuyas.

Anónimos mensajes te absorben,
gestos que delatan tu ausencia:
es tu viaje a un mundo
en el que no hábito.

No estoy en tu lista de beneficiarios,
ni tengo en mi libreta de direcciones a tus padres y hermanos.

No hay en mi memoria
el recuerdo de las fotos infantiles
colgando sobre la chimenea familiar
ni encuentro en ella
el color de tu primera bicicleta.

Las historias detrás de las cicatrices que dividen tu piel
se me presentan desdibujadas
por la bruma de tantos veranos.

El pasado te arranca de mis manos,
te lleva a cuestas:
no hay fuerza suficiente para resistir
cuando hemos subido descalzos la ladera.

Desandar los pasos sobre la arena,
cuando ha pasado el vendaval:
la aventura de cada día.

Mientras,
recogemos del suelo esos minutos que restan,
para mirarnos uno al otro
y compartir el pan
y el vino,
el cuerpo
y las heridas,
que saben un poco a presente.

Amarte hoy
es amar tu ayer,
reencontrar el camino en el desierto
y atravesar el umbral
aferrada a tu mano.

Deja un comentario