HOJA CADUCA

La caída no fue en picada.

Fue como el lento viaje
de una hoja
que busca,
en el suelo,
su destino,


al fin.


Hoja que,
con apenas su pecíolo,
se aferra al tallo,
al árbol,
la Tierra,
para seguir viva.

Hoja de árbol caduca
cuya temporada
la lleva a pique.

Que crece
con la muerte a cuesta
y la fecha tatuada en sus venas,
diciendo otoño,
gritando invierno;
que danza
con el viento
el ave
el niño.

Que cae,
que suelta,
que vuelve al origen
y se pausa,

por instantes,

para engañar al que observa
(a sí misma, al árbol)
y extender la agonía
del suelo que espera.


Flotar,
sin aire,

planear,
sin altitud basta,

volar,
sin alas.


La mágica danza
que atrapa el tiempo
y alarga,

en apariencia,

un instante.

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