Entre Meursault & Bartleby

Lo peor del caso es que al terminar de leer El Extranjero (después de muchos años de sacarle la vuelta) encontré frases que se me acomodan. Ya sé que el libro no es nuevo y que trata un tema, quízá, «pasado de moda», pero lo acabo de leer. Lamentablemente nací muy tarde para encontrármelo en su primera edición.

No sé si esto sea bueno o malo, pero no me parece un personaje aburrido en absoluto. Al contrario, me parece un hombre (aunque ficticio) auténtico, sincero, honesto consigo mismo y con los demás.

Me ha pasado una y mil veces que me pregunto el sentido de las cosas. Nada lo tiene y todo lo tiene. O más bien, nosotros se lo adjudicamos. Lo peor del caso es que es en la misma búsqueda de este sentido no inherente a las cosas o a los fenómenos que más nos frustramos… y cuando no buscamos nada, nos (o me) siento inmensamente plena.

El libro es sencillo, directo, plano, sin rebuscamientos innecesarios, que resalta el absurdo de la vida. En esta sencillez podría pasarse por alto el tema o el objetivo del mismo.

El extranjero-el extranjero-elextranjero-el-ex-tran-je-ro (Cardenal).

El título no nos dice nada de lo que encontraremos y sólo adquiere significancia cuando se termina de leer. El extranjero. Algunos fragmentos:

(Mientras el fiscal está recitando su argumento de cierre del caso, Meursault piensa)

«Hubiese querido tratar de explicarle cordialmente, casi con cariño, que nunca había podido sentir verdadero pesar por cosa alguna. Estaba absorbido siempre por lo que iba a suceder, por hoy o por mañana. Pero, naturalmente, en el estado en que se me había puesto, no podía hablar a nadie en este tono. No tenía derecho de mostrarme afectuoso, ni de tener buena voluntad (…) Decía que en realidad yo no tenía alma en absoluto y que no me era accesible ni lo humano, ni uno solo de los principios morales que custodian el corazón de los hombres. <<Sin duda>>, agregó, <<no podríamos reprochárselo. No podemos quejarnos de que le falte aquello que no es capaz de adquirir…»

Cabe preguntarse: ¿de quién es la culpa de que un hombre no tenga «alma» o podría decirse, fuera de términos religiosos, que un hombre no tenga sentimientos, ni por/hacía sí mismo ni a los demás? ¿Es la sociedad quien provoca este sinsentido o absurdo? ¿O es el hombre mismo (el individuo) quien debe crearse el propio sentido de su existencia?

(Casi al final, ya con la sentencia de muerte, la decapitación inminente, después de que el capellán busca sin éxito encontrar un destello de esa «alma» con la que no contaba).

«Entonces, no sé por qué, algo se rompió dentro de mí (…) Parecía estar tan seguro, ¿no es cierto? Sin embargo, nunguna de sus certezas valía lo que un cabello de mujer. Ni siquiera estaba seguro de estar vivo, puesto que vivía como un muerto. Me parecía tener las manos vacías. Pero estaba seguro de mí, seguro de todo, más seguro que él, por lo menos, poseía esta verdad, tanto como ella me poseía a mí (…) era como si durante toda la vida hubiese esperado este minuto… esta brevísima alba en la que quedaría justificado. Nada, nada tenía importancia, y yo sabía bien por qué. También él sabía por qué. Desde lo hondo de mi porvenir, durante toda esta vida absurda que había llevado, subía hacia mí como un soplo oscuro a través de los años que aún no habían llegado, y este solplo igualaba a su paso todo lo que me proponía entonces, en los años no más reales que los que estaba viviendo. ¡Qué me importaban la muerte de los otros, el amor de una madre! ¡Qué me importaban su Dios, las vidas que uno elige, los destinos que uno escoge, desde que un único destino debía de escogerme a mí y conmigo a millares de provilegiados que, como él, se decían hermanos míos! ¿Comprendía, comprendía pues? Todo el mundo era privilegiado. No había más que privilegios. También a los otros los condenarían un día. ¿Qué importaba si acusado de una muerte lo ejecutaban por no haber llorado en el entierro de su madre? (…)  Como si esta tremenda cólera me hubiese purgado del mal, vaciado de esperanza, delante de esta noche cargada de presagios y de estrellas, me abría por primera vez a la tierna indiferencia del mundo«.

Todos estamos condenados. ¿Importa el trayecto? ¿Hay alguna diferencia? La única que encuentro entre él y Bartleby es el destino que los eligió y, claro, el país de origen. El sinsentido, el absurdo, la nada nos atrapan sin importar en dónde nacimos, ni cuándo, ni los grandes eventos que ocurren alrededor.  El sinsentido, el absurdo, la nada nos atrapan, nos enredan, nos absorben, desde el interior y se extienden a todo lo que contemplamos, a todo lo que decimos y la forma en que interpretamos nuestra existencia…

3 comentarios sobre “Entre Meursault & Bartleby

  1. Mi comentario tendrá que ser breve… intentaré. Después subiré una serie de textos sobre el extranjero. Aquí sólo puedo decir que me ha gustado mucho tu texto. Sobre la cita que indica que no tiene alma tengo que decir que no comparto este punto. Tendría que explicar muchas cosas. Bueno, no sé como continuar, quizá debamos platica más al respecto. Te escribo luego.

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  2. (: sí, primero publica tus textos y seguimos con el debate sobre el alma.

    «Bartleby, el escribiente» es o un cuento largo o una novela corta de Melville y mm creo que el grado de empatía se logra mucho más que con Meursault… al menos a mí me pegó más. Aunque puede deberse a que lo leí primero. Tal vez te ocurra el efecto contrario.

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