Antes del XI

Hay sólo una manera de amar cuando tienes un hijo.

Amar a todos los niños a través del tuyo.

Y en el intento por ofrecerles un mejor lugar donde vivir, no perder de vista que lo que haga debe ser para todos. Para mi hijo, el niño de la esquina, el que vende periódico, el niño perdido, el robado, el que sufre. En realidad, no concibo una forma diferente de maternidad. Esas horas dedicadas a mi hijo, son más fructíferas para él (y para mí) si las compartimos con otros.

¿Cómo llevarlo de la mano, de mi mano, por ese camino junto a los demás? ¿Cómo le voy a explicar que un niño con autismo puede estirar mi pelo para expresar su emoción, pero que él no deberá hacerlo? Porque quiero que comparta mi trabajo y mi pasión por él. ¿Cómo mostrarle gradualmente, y sin mentiras, que en el mundo hay cosas buenas y malas, pero que al final él decide a cuáles prestarle su interés y su tiempo? ¿…que sus sueños le costarán? ¿…que juego tanto con él, como lo hago y lo haré con otros? Tantas cosas y tan poco tiempo.

Soñar a su lado, pensando y planeando y proyectando nuevas cosas. Porque es él quien me da energía. Él quien me encamina a pensar en nuevos mundos, en que un mundo diferente es posible, que a veces es necesario ser un poco pesimista para cambiar las cosas.

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Así es el amor. Nos acompaña por caminos insospechados.

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