No hay segunda vez

Para mi Nicolás

Te suspiro.

Estás enredado entre mis brazos y mi cintura, apacible y perfecto. Llevas el aire a mis pulmones, a mis ojos, a mi garganta y en tu aroma me dejas impregnada de tu luz. Aroma de regeneración, de libertad, de esperanza. Solo son 87 días y desde que abriste los ojos por primera vez ya eras tú, ya eras esa enorme sonrisa imborrable. Nada puedo hacer que mejore tu esencia. Eres tú quien ha traído más años a mi vida, quien me hace dar un paso más, ir hacia el futuro, pensando en que somos invencibles.

Te aprehendo.

No hay segunda vez. Es la primera. La primera y única vez que seré tu mamá. Que podré tenerte sobre mí, mientras te hablo en secreto de lo maravillosa que será tu vida. Que podremos compartir con tu hermano tu intempestivo nacimiento. La primera vez que escucho tu voz y es tan sorprendente como un trueno a mitad de la noche; que te arrullo y respondes acercándote más a mi cuerpo, sintiendo que mi calor te reconforta. Es la primera vez que tu silencio me angustia, que tus sueños son transparentes y me dicen que estás atento a la vida. No hay segunda vez, porque mis brazos tienen que aprender contigo, hacerse a tu forma, a tu peso; porque te gusta esta canción y no aquélla; porque creces a un ritmo distinto y tu mirada ya me está diciendo cómo hacerlo todo.

Eres la interminable lista de preguntas no dichas, que observa cada uno de mis movimientos.

Eres la luciérnaga que guía mis pasos, mientras camino a tientas en la obscuridad.

Eres el lento suspiro que da vida y que alargo para prolongar mis días.

El primero y el último, Nicolás.

Nicolás2

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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