HACER LLOVER


Haré llover pétalos blancos
que,
como luciérnagas en el campo,
iluminen los días nublados.

Arrancaré a besos,
una a una,
las espinas
que,
sin invitación,
se fijaron en tu memoria
y en las plantas de tus pies.

Y tu pecho nevado
-y protegido por un desgarrador silencio-
recorreré con el ardor de mi mano
y tu espalda,
tu abdomen,

y tus piernas,
tus hombros,

serán río
y
atraparé
con
mis
manos
cada
gota
para
devolverla
cristalina
a
tu
cuerpo.

Haré llover pétalos blancos
que,
como motas de algodón
volando a la orilla de la carretera
suavicen los recuerdos
humedecidos en la brisa
para tornar a tu rostro ese gesto
que es mi tumba.

Amarte hoy,
es amar tu ayer.
Es entrecruzar las piernas
mientras caen las historias como balas.
Es arrullarlas mientras se llenan de sentido
y vuelven a su origen para que sigas vivo
(para que siga viva).

Late tu corazón en mi pecho.
Respiro tu aire.
Amanece cada uno de mis días,
cuando abres tus ojos.

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