LA RAZÓN DE TI

No hay lista de canciones para compartir contigo
ni reglas que organicen mi vida,
ésas que te digan qué camino seguir
para sobrevivir al caos.

Sin códigos de color
ni maquillaje
sin “angel lashes”
ni turbantes para calmar el cabello:
sin filtros,

amanece.

¿Sabes ya
que no hay obstáculos
para caminar descalzo por la casa,
que si abres el clóset
seguro saldrán volando mariposas?

¿Sabes
que no hay relojes en las paredes
ni fotos encerrando recuerdos
ni cajones escondiendo secretos?

¿Sabes ya
que podemos salir corriendo
y llegar a tiempo
y que las plantas de la sala son siempre verdes?

¿Sabes
que los jueves oscurece más tarde
y que,
a veces,
la regadera se alarga para quitar la piel muerta?

¿Sabes que,
en el silencio de la noche,
desde nuestra recámara,
se escucha el mar
y que,
cada semana,
la cocina se enciende
y deja sus huellas en mis dedos?

¿Te diste cuenta
de que los cajones vacíos
fueron solo para ti
y que las paredes esperan,
ansiosas,
la fuerza de tus brazos?

¿Viste cómo cada pieza
de tus días pasados
encontró su sitio para quedarse
por siempre?

¿Descubriste que es tuyo el lado izquierdo,
que son tuyas las guayabas,
que son tuyas las lavandas,
que son tuyos los perros,
que son tuyos el colibrí, el limón, el romero?

¿Te has visto
reflejado en cada espejo,
en cada ventana,
mientras caminas de un lado a otro
porque éste es,
al fin,
tu sitio?

No hay ratos libres
cuando ya hemos caminado tanto.

Es junio
y,
de nuevo,
noviembre,
mientras esperamos marzo
para escapar de nuevo,
solos,
para volver esos años
en que no nos conocimos.

			

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