DE CASTILLOS Y DRAGONES. SEGUNDA PARTE.

No se nace, de deviene mujer, dijo Simone de Beauvoir.

No se nace, se deviene mamá, replanteo.

El tiempo no perdona 
y la patrulla de cachorros ha sido desplazada:
llegaron los amigos, los balones,
llegaron los desaires, el primer amor,
llegó el miedo al rechazo
y la aventura de una nueva escuela.

Y cuando mis brazos no son ya suficientes
y cuando mis palabras ya no te reconfortan
y cuando no cabemos en el mismo asiento
y un "te amo" no te hace olvidar un mal día

tu brazo detrás de mi cuello,
buscando juntar tus ojos a mis ojos,
presumiendo el largo de tus piernas
y la fuerza de tus manos.

Tu beso en mi frente,
aminorando el dolor de un mal golpe,
tus manos frotando mis hombros,
cuando ves que estoy a punto del llanto.

Tu índice señalándome tu pecho adolescente,
para que yo,
mujer,
me acurruque entre tus sábanas.

Tu corazón,
latiendo,
a su ritmo,
lento,

lejos del mío,

tuyo.

¿Por qué creces tan rápido, amor?
"No sé".
"Porque así es la vida".
"Porque es inevitable".

***

Parte 1:

De castillos y dragones – LILIANA CONTRERAS REYES

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